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Prepararme y hacerme presente

Segundo tema

Cuidar el modo de comenzar la oración es muy importante. En la sesión anterior hemos hablado sobre la “Preparación de la oración. En esta segunda sesión abordaremos dos momentos cruciales: El “Prepararse para el encuentro” y el “Hacerse presente ante Dios”.

El prepararse para el encuentro es un momento previo que revela mi actitud ante quien voy a encontrarme, una actitud sana y recta. No olvidemos que orar no es una tarea que hay que cumplir y de la que hay que dar cuenta. Implica generar toda una disponibilidad interior ante el Dios de la vida. Dios no es mi salvoconducto para la salvación, tampoco es un espejo. ¡No! Este Dios, ante quien me dispongo, es el Señor, el Amigo, quien me lleva a un silencio reparador de encuentro y respeto. Estoy ahí, presente ante alguien, con todo lo que soy. Tal como soy, no como me imagino ser. Toda esta actitud me lleva a tranquilizarme, a hacer silencio, en la fe. Me doy cuenta de quién es aquel que deseo encontrar, en el amor.

El hacerme presente ante Dios. Este es el momento donde se establece una relación más personal con Dios. De lo contrario, sin darme cuenta en la oración, podría estar pesando más la motivación de buscarme más a mí mismo en lugar de buscar a Dios.

El hacerme presente a Dios no es un narcisismo. Salgo de mí mismo ante el Dios creador. Ante quien voy aprendiendo a estar el tiempo suficiente en la fe, sin buscar un “sentir” especial, sino la verdadera toma de conciencia de sí y del Dios a quien me dirijo. Si Dios me da la gracia, iré intuyéndolo en el corazón. Dios es como el cauce de un río por el que fluirá el agua de la oración, limpia o turbia, tranquila o agitada.  Por lo tanto, es necesario no obstruir esta relación de fondo. Si esta falta, existe la posibilidad de manipular con habilidad el texto (o mis ideas). Sucede lo contrario, cuando se hace con cuidado el ponerse en presencia de Dios. 

Video: 

Segundo ejercicio: Disponerme y hacerme presente a Dios

Prepara la oración teniendo en cuenta las sugerencias presentadas la semana pasada; ahora preparo mi ser para este encuentro y me hago presente al Dios de la vida.

Oración sólita: “Pedir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad.” [EE 46]

Composición del lugar: Imagino la siguiente escena de la vida de Jesús. Me hago presente a la escena donde Jesús. Él me mira fijamente y se alegra de verme.  Jesús mirándome me abraza y pronuncia las siguientes palabras:  “Vengan a mí los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy tolerante y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su vida. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11, 28)

Petición: Le pido al Señor que nunca tenga miedo de acercarme a él con toda mi verdad. Le pido que me convenza que siempre está dispuesto a acoger mi vida sin juzgarme.

Puntos: Texto bíblico: Mt 11, 28

1. Jesús conoce mi vida, lo que hago.  Me espera siempre para escucharme sin juzgarme.   Al hacerme presente a Jesús que me estaba esperando qué le podría contar de mi vida.  Jesús a dicho “Vengan a Mí …” “Yo le daré alivio, calmaré tus agobios”.  Ante estas palabras de Jesús ¿qué siento? ¿qué pienso, cuál es el impulso que brota de mi existencia? 

Mientras le voy narrando a Jesús mi vida actual me dispongo a preguntarle algo ¿Jesús y tú qué me dices, ¿quién soy yo para ti? ¿Qué me respondería  Jesús luego de escucharme?. Me voy dando cuenta nuevamente de los pensamientos y sentimientos que brotan de mi ser. Voy escribiendo lo que brota de mi existencia.  

2. Las palabras de Jesús siempre alivian mi existencia y se traducen en una misión concreta. Jesús invita y acoge a todos lo abatidos a las personas agobiadas por la exclusión que produce el sistema de vida vigente. Él es el único capaz de hacer que esa carga y ese yugo propio de la vida de hoy se transformen en experiencias de júbilo al ver cómo el reinado de Dios se va haciendo realidad  entre los pobres y sencillos , el mismo júbilo que invadió a Jesús.

Coloquio: termino conversando con Dios, en confianza como lo hacen los buenos amigos. Le agradezco con mis palabras por este momento en que me he sentido acogido por el Señor.

Examen de la Oración: Preguntas que puedo hacerme al terminar este ejercicio

¿Cómo me dispuse y qué sentimientos he tenido en este momento de oración?

Al hacerme presente a Dios y vivir esta experiencia, ¿Hacia dónde me ha conducido el Señor?

Reviso las últimas preguntas presentadas al final del primer ejercicio de la semana pasada.


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