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La oración para San Ignacio

Tercer tema

En las sesiones pasadas nos hemos fijado en la parte preliminar y fundamental para hacernos presente a Dios. Hoy veremos a Ignacio de Loyola y la Oración.  Ignacio de Loyola fue aprendiendo con el tiempo a encontrarse con Dios, desde el silencio meditativo y contemplativo. El Espíritu del Señor lo llevó a potencializar una serie de actitudes que le permitieron ser un contemplativo de la palabra y en la acción. Se dio cuenta que la propia humanidad es motivo de encuentro con el Dios de la vida a través de la respiración, la aplicación de los sentidos, el examen. Constantemente hacía memoria de sus encuentros con el Señor. Ignacio nos enseñó que la repetición es clave en la vida de oración porque nos lleva a dejar que cale hondo la voluntad de Dios en nuestra vida. Todo esto Ignacio lo fue escribiendo en su diario espiritual.  

La oración lo llevó a asumir su propia historia desde Dios. Experimentó todo un proceso de conversión. Ignacio vivió muy centrado en sí mismo, buscando el prestigio, el honor y el «quedar bien». Pero a partir de su caída en Pamplona empezó a ver que su vida no había tenido sentido y que quería ofrecerla a Jesús. Su vida de oración lo lleva a salir de sí mismo y se dispone a transitar por un largo camino de búsqueda de la voluntad de Dios.  Luego la oración se convierte en un ejercicio que tiene que ser discernido: quería ir a Jerusalén porque Jesús vivió y murió, pero, después, fue descubriendo que Jerusalén era todo el mundo. Jesús vive en todo el mundo y todo el mundo necesita la luz de Jesús. De ahí que el encuentro con este Dios que nos espera siempre nos permite salir de nuestros quereres e intereses para ponernos al servicio de los demás. 

Es así como la oración de Ignacio va tomando cuerpo y nos va estructurando, de ahí que él y sus compañeros se ofrecieron a ser como los apóstoles, enviados a anunciar el Evangelio en cualquier lugar o situación de la vida. Luego comenzó todo un peregrinar por Loyola, Montserrat, Manresa, Barcelona, Alcalá, Salamanca, París, Venecia, Roma... Y hasta el final con los ojos puestos en Jerusalén, la tierra de Jesús. Puso en oración sus deseos de entrega, tentaciones, penitencia, la ayuda a los más pobres, pobreza, oración, persecuciones, hambre, enfermedad, estudio, anuncio del Evangelio. Se dio cuenta que Dios le trataba de la misma manera que trata un maestro de escuela a un niño, enseñándole. San Ignacio iba escribiendo todo lo que vivía. Luego toda esta experiencia lo consignó en sus Ejercicios espirituales. Ahora nos queda claro que la Oración era vital para la vida de Ignacio. Por esto mismo nos da devoción entender la oración Alma de Cristo, el coloquio de Jesús ante la cruz, el Eterno Señor Jesús, el conocimiento interno, atento a la llamada, el salir de sí mismo, el identificarse con Jesús y el Tomad Señor y Recibid. Ignacio desde la oración se hizo mundo con el mundo y a eso nos invita a transmitir la buena noticia, a ser cauce de misericordia y saber estar donde Dios quiere que estemos.

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Terce ejercicio

Oración de entrada: Leo el Salmo 103 y siento cómo Dios me recibe y me revela quién es Él para mí y para los demás. Y rezo para “Pedir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad” [EE 46]

Composición del lugar: Imagino la siguiente escena de la vida de Jesús: Me pongo a la escucha de lo que les cuenta Jesús a los fariseos y doctores de la ley. Veo al Padre que reparte la herencia a sus dos hijos; voy acompañando la vida del hijo menor. Me sorprendo ante la vuelta del hijo menor.  El Padre le expresa su amor. Veo al hijo mayor que increpa al Padre, no soporta que su Padre haya hecho tremenda fiesta a su hermano menor. Desprecia a su hermano menor: “ese hijo tuyo”, “ y yo que siempre he sido bueno, nunca me has dado algo para compartirlo con mis amigos”.  (Lc 15, 11-31) ¿Qué imagen de Padre tiene el hijo mayor?

Petición: Le pido al Señor tener siempre su misma actitud: dar amor sin condiciones. Que nunca desprecie a nadie que ha caído en desorden o es diferente a mí. Le pido para poder sentir su infinito amor.

Puntos: Mt 15, 1-31

1) El Dios en quién creemos siempre me expresa su amor incondicional. Hay imágenes de Dios muy distorsionadas y en donde lo que más resalta es el legalismo. En este texto Jesús revela su experiencia de Dios como Padre. Un Padre que ama con igual medida tanto al hijo mayor como al menor.

2) Hay personas que dicen creer en Dios pero siempre esperan una recompensa de Dios por lo bien que se conducen en la vida y además desprecian a los que no son como ellos.  El hijo mayor cree que ha hecho los méritos suficientes para ganarse todo el amor del Padre porque no ha contradicho ni uno sólo de sus mandamientos y por tanto tiene que ser recompensado mientras que la conducta del hijo menor debe ser castigada.

3) Preguntas: ¿Por qué el hijo menor acapara el Amor del Padre a pesar de lo que ha hecho? Si es mi situación: ¿Qué es lo que no me impide  ver y sentir la gratuidad del amor divino? ¿Quiénes me han mostrado en la vida ese amor del Padre? ¿De qué tendría que arrepentirme y pedir perdón sabiendo que nuestro buen Dios nos acoge y nos perdona? 

Coloquio: Termino conversando con Dios, en confianza como lo hacen los buenos amigos. Le agradezco con mis palabras por este momento. Le pido que pueda sentir su abrazo, su misericordia, su perdón. Que su compañía misericordiosa me anime a crecer en el ejercicio del perdón y acogida a las personas.

Examino mi oración: ¿Qué pensé? ¿Qué sentí durante la oración? ¿Terminé consolado, desolado? ¿Qué preguntas me brotan desde el corazón?  Revise el punto 3.


Colegio San José - Jesuitas
Arequipa - Perú

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