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La petición

Sexto tema

Te presentamos nuestra sexta entrega. Se trata ahora de explicar una parte vital de la oración ignaciana: Pedir la Gracia. Luego de haber preparado la oración Ignacio nos invita a hacer la Oración preparatoria o sólita; luego nos ha invitado a hacer una composición de lugar, y ahora nos pide que le pidamos al Señor una gracia.  Al finalizar la Oración comprobaré si Dios me ha concedido la gracia que le pedí. Tengo en cuenta que Dios se manifiesta en consolaciones espirituales. Y si siento que no me ha concedido la gracia me pongo en una actitud de espera dinámica; es decir, vuelvo a hacer la oración y me dispongo con libertad para que el Señor me conceda su gracia cuando Él lo crea conveniente. Él siempre sabe lo que nos conviene para nuestro bien.

Si es que no le pido nada al Señor de hecho que podemos caer en una actitud muy ambigua. Para pedir desde el fondo del corazón, tenemos que superar algunas objeciones piadosas y algunas resistencias. Por ejemplo: quizá no quiero pedir nada para mí porque es algo sin importancia o egoísta.  Y no es así. Hay que entender que para actuar con él, es conveniente experimentar que recibimos todo de él. Pues Dios mismo ha establecido una Alianza con nosotros y en esa Alianza hay una relación de deseos y peticiones recíprocas.  Dios sabe lo que nos conviene. Por tanto, cuando pido no lo hago por informar a Dios sino para conformarme a su deseo. Cuando balbuceo mis peticiones, él me hace descubrir y participar en aquello que el Espíritu suscita en mí: “Hágase tu voluntad”.

¿Qué es lo que hay que pedir?  Le pido lo que quiero y deseo. No es mendigar, sino ser de verdad desde el comienzo de la oración, alguien que sabe lo que quiere, que tiene derecho a “querer” algo para su propia vida; ser alguien que desea, que tiene aspiraciones: ¡un hombre de verdad!. De esta manera dejo que se exprese esta voluntad del corazón y pido al Señor su gracia, porque es una gracia, no un derecho ni fruto de mi fuerza.

Una buena pregunta puede ser ¿Por qué pedir? Pedir es ponerse en estado de recibir: recibir la Palabra, El Espíritu, la luz de Dios, manifestando así que la oración me pone delante del otro. Esto significa estar en estado de deseo que significa salir de nosotros mismos y abandonarse a la acción del Espíritu que ora, habla y actúa en nosotros. En realidad, no pedimos la gracia de Dios movidos por intereses personales, sino para someternos interiormente cada vez más al Señor, para estar más a su servicio y alabanza.  Pedir es un acto de fe. Implica aceptar nuestra condición de criaturas. Por tanto, pedir me obliga a escoger entre mis deseos, y reconocer humildemente aquel sobre el que necesito sinceramente con Dios. Es poner en orden mis deseos ante Dios, descubrir lo que verdaderamente vive en mí, y descentrarme de ello para ir hasta el Señor que es su fuente. No podemos olvidar que mi petición se acercará cada vez más al deseo de Dios en mí

Tenemos una fuente que redondea todo lo dicho anteriormente. Jesús mismo solicita y respeta el deseo de aquellos con quienes se encuentra; él mismo pide al hombre, o al Padre. Él espera que el hombre se abra para actuar en él y escucharle de corazón. Nos pregunta ¿Qué quieres que haga por ti?, pide lo que quieres que te conceda, ¿Qué quieres?

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Ejercicio

Luego de prepararme para el encuentro me hago presente delante de Dios y me dispongo a ir a su encuentro. 

Oración sólita:  [46] Pedir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad. 

Composición del lugar: Imagino la siguiente escena: Jesús está en la barca sentado mientras la gente estaba de pie en la orilla. Yo también estoy en medio y me asombro ante las palabras de Jesús. Ha contado la parábola del sembrador y todos los escuchantes nos hemos quedado asombrados y animados. Las palabras de Jesús son realmente palabras para hoy son de vida eterna. Entre los presentes hay gente que comenta que Jesús sale cada mañana para anunciar la buena noticia de Dios. Jesús siembra su palabra entre la gente sencilla. Se nota que estas personas acogen con alegría las palabras de Jesús. Sin embargo, en la orilla también están los fariseos y los doctores de la ley quienes rechazan de plano el lenguaje que usa Jesús. Sin embargo Jesús nunca se desalienta. No cabe duda que su siembra nunca será estéril. 

Petición: Le pido al Señor para que me dé realmente oídos para escuchar su palabra y que en cada palabra sienta que lo voy conociendo más internamente.

Puntos : Texto bíblico: Mt 13, 1-23

1) Al encuentro del sembrador y su modo de sembrar.- A lo largo del tiempo los cristianos nos hemos fijado más en los terrenos por donde cae la semilla. Hemos dado más énfasis a  nuestra actitud para  escuchar el Evangelio; sin embargo, pocas veces nos hemos fijado en el sembrador y su modo de sembrar. El texto nos dice que “el sembrador salió a sembrar” y seguramente que lo hacía con confianza; por eso, su siembra era abundante. La semilla que llevaba caía por todas partes y en lugares insospechados como hacían los campesinos quienes sembraban al borde del camino y en terrenos pedregosos.  

2) Vivimos en una época donde hay muchas crisis de fe y nos damos cuenta que  simplemente la buena noticia de Jesús ya no cala como antes.-  ¿No será que los sembradores de esta  época han perdido garra? ¿Por qué muchos hombres y mujeres de este tiempo ya no se sienten atraídos por Jesús o simplemente es un equivalente a un buen hombre moral y ético? No!  En realidad Jesús no ha perdido su  poder de atracción. Lo que pasa es que muchos sembradores de hoy desvirtúan el mensaje de Jesús con sus incoherencias, relativismos y contradicciones.

3) Recuperemos la calidad evangélica.-  Todo va a depender de nuestra relación con Jesús si queremos recuperar el entusiasmo. Un sembrador que no está tan convencido ni entusiasmado en Jesús no convence a nadie. Pero no nos engañemos porque anunciar la palabra de Dios no es anunciar una doctrina sino hacer presente en medio de la sociedad la fuerza humanizadora y salvadora de Jesús. Y esto no se puede hacer de cualquier manera. No es la cantidad de sembradores lo que importa sino la calidad evangélica. Preguntémonos al transmitir la Buena noticia ¿contagiamos? ¿Qué es lo que percibe la gente: indiferencia o una fe convertida? ¿Mediocridad o pasión por una vida más humana? 

Coloquio: termino conversando con Dios. Le voy contando cómo su palabra a lo largo de mi vida me ha cuestionado muchas veces, me ha ubicado en la realidad y me ha consolado en más de una vez.

Examen de la Oración: ¿Sentí consolación, inquietud, desolación? ¿Los tres puntos propuestos me motivan a poner énfasis en la petición? ¿Qué pensamientos he tenido? ¿Qué sentimientos he sentido? ¿Hacia dónde el Señor me ha ido llevando mientras oraba ¿Qué preguntas tengo?

 

 

 

 

 


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