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La oración sólita

Cuarto tema

Te presentamos nuestra cuarta entrega. Los temas anteriores nos han situado en los puntos preliminares para dar comienzo a nuestro encuentro con el Señor. ¿Cómo, de qué manera? Ignacio nos propone comenzar cada ejercicios espiritual con la siguiente oración preparatoria: 

“La Oración preparatoria es pedir gracia a Dios nuestro Señor para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su Divina Majestad” EE 46 (EE: significa Ejercicios espirituales y ubicamos la cita en el número 46 del texto. No se refiere a ningún número de página).

Ignacio con esta oración preparatoria desea que la persona oriente su deseo más profundo a Dios; es decir que la persona que  ora vaya a este encuentro deseando únicamente ponerse en una actitud de total disponibilidad para que realmente se ponga a la escucha del Señor. Esto implica asumir que dirigirme al Señor es ya una gracia. La persona que entra en esta dinámica se conoce a sí misma. Sabe qué es lo que suele buscar por sí misma, a veces, de manera egoísta, un gusto, una respuesta a sus problemas. Entonces la “Oración Preparatoria” lleva al que ora a buscar sólo al Señor y desea estar en la oración sólo por el Señor, porque Él es Dios. Implica ejercitarse para tener una actitud de total desprendimiento al comenzar mi oración.

Podemos traducir esta “Oración Preparatoria” diciendo: “Señor, que yo viva para ti y no para mí”; “Que esté en este momento para conocerte de manera gratuita sin desear que me des nada o por las respuestas que busco”.  “Señor, eres como el cauce de un río por el que fluye agua limpia y a veces turbia; tranquila o agitada. No importa sólo quiero que todo lo que haga sea ordenado hacia ti. Si esta disposición falta, existe el peligro de manipular con habilidad el texto (o mis ideas) en una relación tipo: “yo/texto/yo”…!a propósito de Dios!”. Cuando se hace con cuidado el ponerse en presencia de Dios es posible volver a Él pase lo que pase y de tener una relación de tipo: “Dios/yo”… ¡a propósito del texto!”

En conclusión, cuando Ignacio habla de “Intenciones, acciones y operaciones” se está refiriendo a mi intencionalidad; o sea a mi querer. De ahí que todas mis actividades y realizaciones concretas que pueda hacer se ordenen no en provecho mío, sino al servicio de Dios. Por eso, luego de las preparaciones previas (preparar el encuentro, prepararse como persona para el encuentro y hacerme presente a Dos) es bueno y saludable seguir la pauta que nos propone Ignacio con la oración preparatoria.

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Cuarto ejercicio

Luego de prepararme para el encuentro me hago presente delante de Dios y me dispongo a ir a su encuentro. 

Oración sólita: “Pedir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad” [EE. 46].

Composición del lugar: Imagino la siguiente escena: Jesús está con sus discípulos. Los está preparando para su misión. Me fijo con qué convicción habla Jesús, me percato con qué atención escuchan los discípulos. Trato de mirar el corazón de cada discípulo cuando Jesús les hace ver que la fidelidad a su seguimiento ha de superar cualquier otra cosa, incluso familiar; porque, lejos de discriminar, dará su verdadero sentido a todas las demás fidelidades.

Petición: Le pido al Señor para que me enseñe a conocerle más, para más amarle y seguirle; le pido para que me enseñe ser fiel a mi vida cristiana y que sea Dios por encima de todo el Principio y Fundamento de mi existencia.

Puntos: Texto bíblico Mt 10, 37-42

1) Construir la familia teniendo en cuenta el reino de Dios y su justicia. Todos sabemos que en el mundo de hoy la familia se edifica de muchas maneras. Miremos el horizonte y nos daremos cuenta de que existen dos vertientes de familias. Hay familias que se van construyendo abiertas al servicio de la sociedad y se educan en la solidaridad; por otro lado, hay familias que se repliegan en sus propios intereses y se educan desde el egoísmo, son familias opresoras y así lo hacen sentir a sus contemporáneos.

2) Familias que se construyen desde el reino de Dios y su justicia. Jesús siempre ha defendido con firmeza a la familia y la estabilidad familiar y ha criticado duramente a los hijos que se olvidan de sus familias especialmente de sus padres. Sin embargo para Jesús la familia no es un ente intocable ni absoluto, no es un ídolo. Existe algo que es anterior y que no hay que olvidar, pues por encima de todo está el Reino de Dios y su Justicia.

3) Familias solidarias con la misión y el deseo de Dios: que el ser humano sea feliz. Cuando Jesús se vive en primer plano la familia se siente colaboradora con Jesús y abre los caminos al Reino de Dios desde la solidaridad y la fraternidad. Cuando Jesús pasa a un segundo plano se advierten familias mal engreídas con actitudes soberbias; orientan a sus hijos a la construcción de una sociedad clasista y egoísta donde el ideal es la búsqueda total del lucro generando convencionalismos, alienaciones y superficialidad. Se educan a los hijos para la mera competencia y la rivalidad a muerte y no para el servicio y la solidaridad.

Coloquio: Termino conversando con Dios, en confianza como lo hacen los buenos amigos. Agradezco a Dios porque mi familia me ha educado con valores que fortalecen el Reino de Dios y su justicia.  

Examen de la oración: ¿Sentí consolación, inquietud, desolación? ¿Los tres puntos propuestos se relacionan con la oración preparatoria? ¿Qué pensamientos he tenido? ¿Qué sentimientos he sentido? ¿Hacia dónde el Señor me ha ido llevando mientras oraba ¿Qué preguntas tengo?


Colegio San José - Jesuitas
Arequipa - Perú

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