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La meditación

Noveno tema

La meditación es lo que San Ignacio llamó “ejercicio de las tres potencias”, porque en ella se combinan entre sí la memoria, el entendimiento y la voluntad. La meditación supone que nuestras facultades pueden ya trabajar a solas sin el recurso constante de un texto escrito. Se puede definir como la aplicación razonada de la mente a una verdad sobrenatural para convencernos de ella, para comprenderla más profundamente o desentrañar su contenido y, de este modo, moverlos a amarla y practicarla.

La meditación o ejercicio de las tres potencias tiene el siguiente proceso:  aplicar la memoria, ejercitar la inteligencia y mover el corazón o la voluntad.

Al aplicar la memoria nos podemos preguntar ¿Qué recuerdo me trae este punto? ¿A qué aspecto de mi historia hace alusión este punto? Al hacernos estas preguntas van apareciendo una serie de imágenes. Cada imagen es una historia que trae a la memoria los hechos, la realidad que conozco por mi propia historia afectiva, corporal. Por ejemplo, puedo meditar el texto del “Padre Nuestro”. A este texto aplico las preguntas anteriores y voy tomando nota.

El ejercitar mi inteligencia me lleva a preguntarme lo siguiente ¿Qué es lo que entiendo y qué consecuencias se derivan de lo pensado? ¿Qué debería hacer o decir al Señor?  Cuando mi memoria evoca mi historia y la realidad, la inteligencia se pone a trabajar mejor para comprender las resonancias, las implicaciones del misterio. Se recurre a la capacidad de comparar, de razonar, de señalar paradojas o cuestiones que un determinado punto plantea en mi vida.

A partir del ejercicio de la memoria y la inteligencia dejo que se mueva mi corazón y mi voluntad.  Es cuando me dejo afectar, me implico. A partir de la meditación ¿qué debería hacer o decir al Señor? En el corazón se concentra todo lo que soy, en mi capacidad para decidirme por Dios. Movido por lo que he recordado, comprendido, me re – oriento hoy, comprometo mi libertad por fidelidad al amor. Esto es posible espontáneamente; es decir, de la meditación brota el amor y se lo digo al Señor, de corazón a corazón; además hace posible que la voluntad sea tocada de tal manera que surgen deseos de deseos, por ejemplo, de una conversión más radical. Esta forma más voluntaria de seguir al Señor de cerca es tan verdadera y provechosa como la primera.

Finalmente, hacer lo posible para que cada uno en su meditación, no se quede en meros recuerdos ni solamente en lo cerebral, ni sólo en lo afectivo. El misterio y la acción de Dios afectan al ser en su realidad. Ante esta palabra de Dios, recibida, gustada quien responde y se compromete en una palabra al Señor (coloquio) soy “yo” en mi unidad. 

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Ejercicio

Me dispongo para el encuentro con el Señor, Él me está buscando. 

Oración sólita:  [46] Pedir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad. 

Composición del lugar: A partir del texto de Mt 21, 28-31 escucho las palabras que pronuncia Jesús y suenan muy duras. Contemplo el rostro de los líderes religiosos al escuchar estas palabras. Se sienten molestos e incómodos porque Jesús les ha recordado que al Reino de Dios entrarán primero las prostitutas y los publicanos.  Con la vista imaginativa hago memoria que a Jesús, al final, lo crucifican.

Petición: Le pido al Señor para que me dé la gracia  de meditar bien este texto de Mateo, que pueda hacer memoria del texto, que pueda entenderlo;  que su palabra abra el corazón y mueva mi  voluntad para hacerme disponible a tener una actitud sana y evangélica delante de los que yo llamo pecadores.  

Puntos: Texto bíblico Mt 21, 28 -32

1) La cercanía de Dios nos lleva a entenderlo. Una prostituta decía: “Me sentía, vacía, sucia y poca cosa, todo el mundo me usaba y después de ser encontrada y perdonada por Jesús me siento con ganas de seguir viviendo, porque Dios sabe mucho de mi sufrimiento… Dios está dentro de mí, Jesús me entiende.  

2) Dejarnos tocar por el Misterio de Jesús. ¿Qué misterio se encierra en Jesús para tener ese poder en el corazón de las personas? ¿Cómo cambiaría la vida de muchos si le conocieran mejor? 

3) ¿Cómo es que esta parábola que ha contado Jesús mueve mi corazón y mi voluntad? 

Coloquio: Termino la oración conversando con Jesús. Le presento mi memoria, entendimiento y mi voluntad. Y le converso de mi vida. Siento que Jesús me responde. 

Examen de la Oración: ¿Sentí consolación, inquietud, desolación? ¿Los tres puntos propuestos me motivan a poner énfasis en la petición? ¿Qué pensamientos he tenido? ¿Qué sentimientos he sentido? ¿Hacia dónde el Señor me ha ido llevando mientras oraba ¿Qué preguntas tengo? 


Colegio San José - Jesuitas
Arequipa - Perú

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