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El coloquio

Octavo tema

Lo que pasa en la oración personal queda grabado en el corazón del que ora. Es aquello que nos hace vibrar la existencia, porque sabemos que lo que ha pasado en la oración es de Dios y ha movido nuestra mente, nuestras emociones, la voluntad y nuestro afecto. Y eso nos mueve a dar las gracias a quien nos ha concedido tremenda gracia. Nace el deseo de dialogar desde el afecto más sincero. Nace el deseo de generar un coloquio con el Señor.

Se han dicho infinidad de cosas sobre el coloquio, pero la mayoría coincide cuando se trata de concentrar –a modo de síntesis- lo esencial de ese momento de oración. Una de las expresiones que encierran uno de los rasgos esenciales de ese cúmulo de experiencias de oración es que uno llega a sentir que está dentro de una dinámica que podemos llamar “escuela de amor” -un diálogo entre dos corazones-. Y como en toda escuela el discípulo aprende a descubrir las sendas que nos ponen en contacto con el amor de Dios, escuela cuyo maestro, en este caso, es el mismo Jesús.

Por tanto, podemos decir que uno de los momentos fuertes y más cálidos de la oración es el llamado coloquio. Por ejemplo, el orar fuera o dentro de una tanda de Ejercicios Espirituales participa de un momento llamado “coloquio” donde Ignacio, aconseja al ejercitante para que se coloque ante el Cristo en cruz aludiendo a cómo ese coloquio-diálogo ha de hacerse en clave de amistad –“así como un amigo habla a otro”- y de reconocimiento de Jesús como Señor –“¡o un siervo a su Señor!”- (Ej 54). No se trata de una charla entre dos “patas” o amiguetes, y por lo tanto intrascendente, sino en un diálogo en el que se toca fondo en aquello que es lo más característico tanto de Jesús como nuestro, el amor, -en nosotros todavía como deseo y en Jesús hecho ya realidad en su entrega total hasta la muerte en cruz-.

Este coloquio constituye, así, la mejor pista de salida para continuar los momentos de oración venideros o ejercicios espirituales; por ejemplo, la experiencia del pecado queda asumida en la de la misericordia de Dios dejando el corazón puesto a punto para seguir el camino que Jesús –Amigo y Señor- le vaya mostrando en los días sucesivos. Sin duda alguna, la dinámica del amor que atravesará el resto de los ejercicios lleva al que ora a tener la experiencia de aprender a interiorizarla cada vez más, a estar más y más disponible para encontrar la voluntad para él y desde ella irla traduciendo en servicio. El camino será largo, pero merecerá la pena si el que o ejercitante va encontrando la llave de su futuro y el modo concreto de llenarlo de sentido “al modo ignaciano”.

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Ejercicio

Me dispongo para el encuentro con el Señor. Él me está buscando, y yo también deseo dialogar desde el afecto con este Padre Bueno. 

Oración sólita:  [46] Pedir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad. 

Composición del lugar:  Contemplo a Jesús que nos habla del dueño de una finca y necesita obreros. Sale a buscarlos a toda hora. Contemplo cómo los obreros van llegando, a toda hora durante el día. Quizá piensen que los que fueron contratados más temprano van a recibir más; sin embargo, contemplo sus rostros cuando el dueño de la finca pagó el mismo jornal tanto a los que llegaron en primera y última hora.  Escucho cómo el dueño de la finca discute con los de primera hora y les dice: ¿quiénes son ustedes para impedir que sea bueno? 

Petición: Le pido al Señor para aprender a no confundir nuestros esquemas estrechos y mezquinos con las intenciones que tiene Dios para con cada ser humano.  Le pido al Señor a entender que el Amor de Dios es incondicional

Puntos: Texto bíblico Mt 20, 1-16.

1) Reflexionar sobre la bondad insondable de Dios. Me pregunto si realmente creo en esta bondad de Jesús. Jesús se da cuenta quién es Él y compara, delante de sus interlocutores, su modo de proceder en la vida pública con la conducta de un señor que tenía una viña. Al dueño de la viña le preocupa el rendimiento en el trabajo. ¿Qué pasa por el corazón del dueño de la finca? No será que lo quiere es que ningún jornalero se quede sin trabajo. Esta bondad de Dios la puedo aceptar, ¿siendo una persona súper moderna?

2) Los criterios de justicia que manejamos hoy ¿cómo son?  Los criterios de justicia que manejamos en este tiempo se parecen a los criterios de justicia que tiene Dios.  ¿quién es Dios para mi realmente? ¿Dios es como el capataz que va anotando cuidadosamente mis pecados y mis méritos para ver si al final me dan la medalla de honor? ¿Es posible encontrar un ser más inhumano? ¿Cómo se manejan estas cosas en el mundo en que vivo?

3) Jesús es el que ha salido a buscar jornaleros para el Reino de Dios. Creer en un Dios amigo e incondicional puede ser la experiencia más liberadora que se pueda imaginar. La fuerza más vigorosa para vivir y para morir

Coloquio: Termino la oración conversando con Jesús en la Cruz. Comienzo a hacer un coloquio como un amigo lo hace con otro amigo. Escucho que Jesús me invita a ser jornalero de su mies y me emociono, me dispongo a preguntarle al Señor ¿Señor qué quieres de mí? Habla Señor que tu siervo escucha.

Examen de la Oración: ¿Sentí consolación, inquietud, desolación? ¿Los tres puntos propuestos me motivan a poner énfasis en la petición? ¿Qué pensamientos he tenido? ¿Qué sentimientos he sentido? ¿Hacia dónde el Señor me ha ido llevando mientras oraba ¿Qué preguntas tengo? 


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